terça-feira, 31 de outubro de 2017

Um governo de merda

                                               
Artigo no Alerta Total – www.alertatotal.net
Por Carlos I. S. Azambuja

Kamaradas: Um cara, que não é de esquerda, mas que é metido a ser de esquerda, me perguntou se não é verdade que Pinochet acabou de rasgar a Constituição que Allende teria desrespeitado. Dei a resposta abaixo.

Tento responder: Allende só foi confirmado presidente pelo Congresso após assinar um documento prometendo respeitar a Constituição. Tomou posse e governou por 2 anos, ignorando aquilo que havia prometido ao Congresso. A Câmara dos Deputados, citando a Constituição, informou aos ministros, em 23 de agosto de 1973, que Allende estava na ilegalidade.

Dia 11 de setembro, as tropas amanheceram nas ruas de Santiago. Allende foi, por várias vezes, instado a renunciar, pelos ministros militares, conforme se pode ouvir no CD vendido anexo ao livro "
Interferência Indevida", de Patrícia Verdugo (O CD narra, ao vivo, as conversas entre os comandantes militares desde as primeiras horas de 11 de setembro).

Allende negou-se a renunciar, dizendo que era muy macho. Foi avisado que o Palácio La Moneda seria bombardeado. Fez pouco caso e parece que não acreditou. Vendo que não era brincadeira, pois o Palácio começou a arder, cometeu o suicídio com uma arma que lhe fora regalada pelo kamarada Fidel.

O MIR o PCCh e os famosos "
cordões industriais", que por várias vezes anunciaram que dariam respaldo a Allende, chegando a pichar paredes com a consigna "Este governo é uma merda, mas é o meu governo", não apareceram para defender a merda.

Por isso, vale a pena reler a carta de Fidel Castro para Salvador Allende (um mês e meio antes de sua deposição):

La Habana, 29 de julio de 1973
Querido Salvador:

Con el pretexto de discutir contigo cuestiones referentes a la reunión de países no alineados, Carlos y Piñeiro realizan un viaje a ésa. El objetivo real es informarse contigo sobre la situación y ofrecerte como siempre nuestra disposición a cooperar frente a las dificultades y peligros que obstaculizan y amenazan el proceso. La estancia de ellos será muy breve por cuanto tienen aquí muchas obligaciones pendientes y, no sin sacrificio de sus trabajos, decidimos que hicieran el viaje.

Veo que están ahora en la delicada cuestión del diálogo con la D.C. en medio de acontecimientos graves como el brutal asesinato de tu edecán naval y la nueva huelga de los dueños de camiones. Imagino por ello la gran tensión existente y tus deseos de ganar tiempo, mejorar la correlación de fuerzas para caso de que estalle la lucha y, de ser posible, hallar un cauce que permita seguir adelante el proceso revolucionario sin contienda civil, a la vez que salvar tu responsabilidad histórica por lo que pueda ocurrir. Estos son propósitos loables. Pero en caso de que la otra parte, cuyas intenciones reales no estamos en condiciones de valorar desde aquí, se empeñase en una política pérfida e irresponsable exigiendo un precio imposible de pagar por la Unidad Popular y la Revolución, lo cual es, incluso, bastante probable, no olvides por un segundo la formidable fuerza de la clase obrera chilena y el respaldo enérgico que te ha brindado en todos los momentos difíciles; ella puede, a tu llamado ante la Revolución en peligro, paralizar los golpistas, mantener la adhesión de los vacilantes, imponer sus condiciones y decidir de una vez, si es preciso, el destino de Chile. El enemigo debe saber que está apercibida y lista para entrar en acción. Su fuerza y su combatividad pueden inclinar la balanza en la capital a tu favor aun cuando otras circunstancias sean desfavorables.

Tu decisión de defender el proceso con firmeza y con honor hasta el precio de tu propia vida, que todos te saben capaz de cumplir, arrastrarán a tu lado todas las fuerzas capaces de combatir y todos los hombres y mujeres dignos de Chile. Tu valor, tu serenidad y tu audacia en esta hora histórica de tu patria y, sobre todo, tu jefatura firme, resuelta y heroicamente ejercida constituyen la clave de la situación.

Hazle saber a Carlos y a Manuel en qué podemos cooperar tus leales amigos cubanos. Te reitero el cariño y la ilimitada confianza de nuestro pueblo.

Fraternalmente,
Fidel Castro

OBSERVAÇÃO: Carlos é Carlos Rafael Rodríguez e Manuel é Manuel Piñero Losada, ambos, respectivamente, do Comitê Central do PC Cubano e Chefe da Inteligência Cubana.
 
 
Carlos I. S. Azambuja é Historiador. 

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